
La discusión para sellar un gran tratado comercial entre Reino Unido y la Unión Europea (UE), que defina la relación entre ambas partes en la etapa posterior al Brexit, va a seguir su curso en pleno verano, con la séptima ronda de negociación prevista para el 17 de agosto.
Las expectativas ante este próximo encuentro no son muy elevadas. La sexta ronda del proceso concluyó en julio con pocos avances en varias de las cuestiones clave. La divergencia incrementa el riesgo de una ruptura brusca al final de este año, cuando concluye el periodo transitorio del Brexit. En esa fecha, Reino Unido dejará el mercado común y la unión aduanera, por lo que si no hay un pacto alternativo habrá que imponer aranceles al intercambio de muchos productos (incluido el Rioja o las naranjas y coches españoles) y controles al flujo de trabajadores y turistas.
El problema de fondo sigue siendo el mismo que cuando empezaron las negociaciones tras la formalización del Brexit en enero. El primer ministro Boris Johnson quiere recuperar la “soberanía” sobre las normas británicas, sin depender para nada de las directivas de Bruselas ni de las decisiones del Tribunal de Justicia Europeo. Frente a esta posición, la Comisión Europea señala que es imposible dar acceso libre al mercado común a un país que no va a respetar sus regulaciones.
Esto genera el primer gran obstáculo de las negociaciones: el denominado “terreno de juego equilibrado” para las empresas de ambas partes a la hora de competir. Sin un compromiso británico para no diluir sustancialmente las exigencias de calidad, medioambientales, laborales y fiscales a sus compañías, Bruselas no permitirá un acuerdo de libre comercio.
Fuente: EXPANSIÓN
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